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Edición genética, diseño de criaturas a la medida

Raquel Torres Peralta

Raquel Torres Peralta

Imaginemos un escenario donde los padres pueden elegir cómo quieren que sean sus hijos: inteligentes, altos, guapos, ¡ah!, Y con los ojos azules. Habrá quedado entonces atrás el dicho de “con que venga bien” o “lo que nos mande Dios”.

En España, una mujer se hizo el examen de ADN para ver si era portadora de una mutación genética (BRCA) fuertemente asociada con el cáncer de mama, después de que su madre y su abuela habían muerto de esa enfermedad. El resultado fue positivo. Después de mucho pensarlo decidió ser madre, pero no quería pasar la mutación a su descendencia y cortar con la cadena. Acudió al método de Diagnóstico genético preimplantacional, que permite analizar varios embriones y seleccionar después de un análisis de ADN sólo aquellos que cumplan con las características requeridas (no tener una mutación, por ejemplo) para que sean implantados en la madre. En febrero de este año nacieron en España sus gemelas sin el gen BRCA, elegidas de entre varios intentos previos. Para esto, varios embriones no llegaron a término y fueron desechados por ser portadores de una mutación, pero, ¿y si en lugar de desecharlos se modificaran?

Los avances tecnológicos y el conocimiento sobre el ADN permitieron que en la década de los noventas surgieran los medios para experimentar con edición genética, que consiste en la modificación del código que rige nuestras características como seres vivos. Hace apenas unos meses se aprobó en el Reino Unido la edición genética humana; la legalización se extendió luego a Suiza y China. ¿Qué quiere decir esto? Que existe un grupo de científicos con autorización para modificar el ADN de embriones humanos para la comprensión del genoma y su relación con las enfermedades. La edición genética consiste en eliminar, modificar o insertar segmentos en la cadena de ADN utilizando una técnica llamada CRISPR (Clustered regularly-interspaced short palindromic repeats). Cada célula contiene en su núcleo el código genético, que es como los planos de arquitecto a una obra, dirigiendo la formación de tejidos y características del ser que ha de crecer a partir del embrión. Al momento de la concepción, el ADN del óvulo y el espermatozoide se combinan para formar una nueva cadena para el nuevo ser. Ahora es posible analizar e incluso modificar esa cadena de modo que el animal tenga ciertas características deseadas o evitar que tenga otras, como por ejemplo, una mutación que le resulte en una enfermedad. Los embriones sólo vivirán unas horas, una vez que se observe el resultado de los experimentos. A la fecha no se ha autorizado la implantación de embriones humanos para su nacimiento, y se vislumbra que no sucederá en al menos 10 años.

La edición genética es útil en el estudio de ciertas enfermedades; con ella se pueden crear ratas o monos a la medida para estudiar más a fondo la relación entre los genes y si un gen en particular tiene que ver directamente con una enfermedad o no. También sería útil al probar medicamentos en individuos con enfermedades poco comunes. Quienes han sido condenados por no haber la suficiente población con alguna mutación que cause su padecimiento podrán en un futuro ser ayudados por estudios donde se “diseñaron” los sujetos (monos) a la medida para experimentar con los tratamientos que los ayuden a llevar una vida normal.

Actualmente los científicos pueden crear animales con una o varias combinaciones de mutaciones para experimentar con distintos fármacos. Un grupo de científicos de MIT y China trabajan en conjunto para crear macacos con la mutación genética SHANK3, asociada fuertemente con el autismo, para estudiar la enfermedad y posibles tratamientos. Entre la lista de padecimientos que podrían combatirse con estas medidas están el Parkinson, Alzheimer, cáncer y VIH.

Modificar el ADN para que los humanos del futuro no tengan cáncer, alzheimer, parkinson, etc. suena muy tentador, pero, ¿El fin justifica los medios? ¿A dónde nos llevará esto? Aún no se conoce a fondo la relación entre los genes, no se sabe si el alterar un fragmento de la cadena alterará otros aspectos del individuo como su inteligencia o alguna la funcionalidad. Definitivamente la ética debe estar presente en la ciencia, pero en este tema en particular deber ser aún más estricto el control. Ante los hechos nos surgen algunas preguntas: ¿Tenemos el derecho de desechar embriones por su condición genética? ¿A dónde nos llevará una sociedad que decide quién nace y quién no? ¿Los beneficios serán accesibles para todos o sólo para quien pueda pagarlas? ¿Qué repercusiones tendrá la edición genética en nuestra evolución como especie? Aún con todos los avances de la ciencia no hemos sido capaces de crear vida y a pesar de ello no valoramos el valor de cada ser viviente. Este es un tema en el que no se debe permitir que la ética se diluya en pro de la practicidad.

Raquel Torres Peralta
@Rql_Torres
Doctora en Ciencias Computacionales
por la Universidad de Arizona
Profesora-Investigadora del
Departamento de Ingeniería Industrial de la
Universidad de Sonora

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